una vez mas... por intentar ...vuelvo a caer en mis lagrimas...
no soporto la manera que tienes de anularme con el insulto facil.... se que puede ser tu jerga pero ami me hiere....
estoy harta de que em amenaces conque me vas a abandonar si sabe sd esobra que ya soy tu gata faldera....
has conseguido que odie mi cudad sino estas ahora sera el refugio demi soledad.... tendras las gans de estar solo como muchas veces me gritas.... me exaras de verdad de menos?? nolose... jamas has sanido valorar absoluta,ente nada!!! ni sikiera el colro demis ojos.
solo kiero la verdad.... nada mas
miau
jueves, 2 de julio de 2009
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1 comentario:
Como no valorar ojos de Zafiro?...
... Nunca nada es lo q parece, el amor se disfraza de indiferencia y la indiferencia de amor... somos tan estúpidos q aveces no lo notamos...
y dañamos... Si tendría q decirlo, aun q temo q al decirlo se haga realidad, una realidad q ya es pero no quiero creer... por eso aun solo rozo esa frase maldita q me quema en la garganta...
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Al margen:
La diosa de la reencarnación Tsu-Kiank-sé estaba representada por una figura vestida de oro y con ojos color zafiro, su tarea era la de guiar las almas de los muertos hacia una reencarnación animal, paso necesario para llegar a la purificación eterna. Sinh, el verdadero protagonista de esta historia, era fiel gato compañero de Mun-Ha.
Este era un gato de ojos de color oro y con el pelaje blanco, excepto en lacara, las patas y la cola que eran del color de la tierra, como gato preferido por el sabio, él era el líder de un gran grupo de felinos que estaban dedicados al templo. Bajo este escenario, en una noche en el templo de Lao-Tsun, lugar donde Mun-Ha cumplía un retiro, sufrió el asalto de una banda enemiga, y como consecuencia de ello y la violencia recibida, el sabio cayó muerto a los pies de su diosa Tsu-Kiank-sé. Fue entonces, cuando el resto de los religiosos estaban por sufrir el mismo destino, que Sinh dándose cuenta de lo acontecido a su amo, fue a posarse sobre su cuerpo inerte, e implorando a la diosa, ésta se reencarnó en el mismo gato. El pelaje de éste se volvió oro, sus ojos tomaron el intenso azul zafiro de los ojos de la diosa, y sus pies blanquecieron.
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